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LOS SANTORO DE CERSUTA DE MARATEA EN ECUADOR PDF Print E-mail
Written by MMSA   
21-09-2007 a las 11:46:02
:: Extracto de Documento enviado por Alfredo Santoro Donoso, Guayaquil Ecuador ::

Santoro es un apellido poco difundido en Italia, pero típico en el sur del país, sobre todo en Nápoles y Sicilia oriental.  Tiene numerosas variantes:  Santori, Santorio, Santoriello, Santorini, etc.  En la zona nororiental, en la región del Trentino – Alto Adige, prevalece la forma latinizada de Santorum.  Según antiguos documentos existentes en la ciudad de Matera, capital de la provincia del mismo nombre, en la Basilicata,  la primera noticia acerca de los Santoro se remonta al año de 1198, tiempo en el que vivía Eustachio Santoro, que fue Barón de Cancellara, Castelnuovo y Casale. 

Fue en su origen un nombre medioeval, derivado de la expresión latina “Dies festus omnium sanctorum” es decir, “fiesta de todos los santos”, donde sanctorum es el genitivo plural de sanctus, es decir santo. Dato interesante: Sant’Orio,  un mártir de la Iglesia Católica sacrificado en Roma durante el siglo III es venerado en el convento capuchino de Maratea –también ciudad de la región de la Basilicata- junto a San Rocco y a la Santísima Virgen María.

      Un Tota Santoro fue Alcalde de Matera en 1476, y Bernardino Santoro fue fiscal en la Undienza de Lecce, consejero real y consultor y Juez de la Gran Corte de Vicaria en 1507.  Pietro Antonio Santoro fue Alcalde de Matera en 1542, y perteneciente a la nobleza desde 1537, Fiscal General y jurisconsulto de la monarquía en Santa Luccia.  Fabrizio Santoro también fue Fiscal en 1574 y miembro del Consejo Noble en el año 1600 (1) (8). 

      El 12 de marzo de 1566, Giulio Antonio Santoro, n. en Caserta, ciudad de la Campania, fue consagrado en Roma, en la capilla del Palacio Apostólico del Quirinale, como Arzobispo de Santa Severina por el Cardenal Scipione Rebiba, Patriarca titular de Constantinopla, asistido por Monseñor Annibale Caracciolo, Obispo de Isola y por Monseñor Giacomo Cesare de Giacomelli, Obispo emérito de Belcastro.  Para 1586, Giulio Antonio Santoro era Cardenal de la Santa Iglesia Católica Romana y Arzobispo emérito de Santa Severina (20).

      Por supuesto, no todos los miembros de esta antigua familia pertenecieron a la nobleza o fueron altos dignatarios del Reino o de la Iglesia.  La mayoría de ellos fueron hombres del pueblo, simples campesinos, obreros, artesanos o burgueses.  Otros incluso formaron parte del tristemente célebre brigantaggio, palabra italiana que significa literalmente bandolerismo, refiriéndose a los grupos de hombres que vivían en las zonas rurales del Sur.

BREVISIMA HISTORIA DE MARATEA

Si queremos conocer el origen e historia de Maratea, tenemos que dar primero un vistazo a la influencia de Grecia en el sur de Italia. El primer contacto del mundo griego con la península itálica se remonta a los últimos siglos del segundo milenio a.C. Esta precolonización micénica, como generalmente es definida, aparece atestiguada por la arqueología con el hallazgo de vasos y objetos micénicos en numerosos puntos del sur de Italia y Sicilia. Pero no hay la menor prueba de ningún poblado micénico en el Lacio, por más que los autores antiguos hablen de la fundación de Roma y de otras ciudades latinas por héroes del ciclo de la Guerra de Troya o bien por héroes aqueos.

En los primeros siglos del primer milenio a.C. toda la franja costera entre el estrecho de Messina y el Golfo de Policastro, e incluso hasta el Golfo de Nápoles, parece que fue evitada tanto por las poblaciones indígenas italianas como por la onda colonizadora proveniente del oriente griego.  Debe haberse dado únicamente intercambios de alcance limitado entre asentamientos indígenas menores con un comercio basado en el pequeño cabotaje.  

Entre estos primeros contactos de Italia con el mundo micénico y la expansión griega que se produjo a partir del siglo VIII a.C. hubo un largo período vacío de contactos regulares.  La más antigua colonia griega, no sólo en Italia, sino en Occidente, fue Pithecusa, en la costa norte de la isla de Ischia, fundada por los jonios de Calcis hacia el 770. Unos años después, se fundó Cumas en la Campania, al norte del lago Avernio y hacia el 740 Taranto, colonia lacedemonia en la actual Apulia, entonces Lucania. La más antigua inscripción griega de Occidente pertenece a esta época y aparece en un vaso encontrado en Ischia. Los dorios de Rodas fundaron poco después Paleópolis y Neápolis, ambas en la bahía de Nápoles. Más al Sur, Paestum o Poseidonia, fundada por Síbaris hacia el 600 a.C. cuyos templos, aún impresionantes, atestiguan el culto que se tributaba principalmente a Hera y Atenea. También en el siglo VIII a.C. parece que fundaron Zancle, en el estrecho de Mesina, y Naxos. Pocos años después tuvo lugar la fundación de Rhegion, hoy Reggio. Las más antiguas colonias de Sicilia fueron Siracusa y Mégara, pertenecientes a la segunda mitad del siglo VIII a.C., seguidas después por Selinunte, Gela y Agrigento, entre otras.

A inicios del siglo VI a.C., grupos humanos de cultura enotria provenientes del interior de la región lucana crearon pequeños asentamientos dedicados a la agricultura y al pastoreo a lo largo de todo el arco costero del Golfo de Policastro. Las desembocaduras de los ríos Bussento, Noce y Lao constituyeron entradas naturales que favorecieron el surgimiento de centros de enlace entre las comunidades de origen enotrio establecidas en el interior desde hacía siglos y las colonias griegas que se desplazaban hacia el Mediterráneo desde el mar Jónico en la búsqueda de escalas comerciales para el intercambio de productos con estas poblaciones indígenas del interior. 

Este proceso colonizador de los griegos se cierra en torno al 535 a.C. con la fundación de Elea, frente al Mediterráneo, en Lucania, situada a 40 kilómetros al sur de Poseidonia.  Elea fue fundada sobre la base de un poblado ya existente llamado Velia, “nella terra degli enotri”, por los focenses de Alalia –en la isla de Córcega- al caer esta ciudad en poder de los cartaginenses en el 540 a.C.  Elea servía de apoyo para el comercio de Focea con  Massalia.  Entretanto, tribus indígenas de origen osco-sabellico descienden del interior para combatir el predominio griego que llega hasta Paestum o Poseidonia, su capital, y destruyen todo, excepto Elea, la antigua Velia.

Enotria, “tierra del vino”, ocupaba un vasto territorio entre las colonias griegas de Poseidonia y Metaponto, en el Golfo de Taranto, y gran parte de Calabria septentrional.  Los centros enotri eran verdaderos asentamientos humanos situados en las diversas cuencas fluviales.  Estos valles, en este territorio de montañas y lleno de bosques, representaban las principales vías de comunicación entre los mares Jónico y Mediterráneo, como ya hemos mencionado. 

Hacia el 500 a.C., al fin de la Edad de Hierro, los lucanos, un pueblo de cepa indoeuropea, proveniente de la península de Anatolia (actual Turquía asiática) –otros creen que son una rama de los samnitas de la Campania- y establecidos sobre los montes Apeninos centrales, después de haber fundado Teggiano y Atena Lucana a lo largo del río Tanagro, se dirigen hacia Agri, fundan la ciudad de Grumentum y se distribuyen en toda Lucania, mezclándose con los pueblos autóctonos, es decir las poblaciones indígenas, que eran los pelasgi o enotri, legendario pueblo del mar Egeo. El mundo enotrio entra en crisis y surgen en su lugar los lucanos.  El nombre lucani deriva del término osco lukon (el osco era el principal lenguaje de Italia central después del etrusco, mientras que el latín estaba limitado a Roma y el Lacio) que significa lupo, lobo en español.
 

 

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